
Soy fanático de Pedro Aznar. Desde que un buen amigo me lo presentó hace años (me enseñó un disco), no he parado de escuchar a este monstruo argentino de la música. Aznar es cantante, compositor, poeta y un gran bajista. Además de tocar piano, guitarra y un sinfín de otros instrumentos. En resumen es un virtuoso.
No hay día que no escuche alguno de sus discos. Ya sea en el auto, la casa o la oficina. Por último en el iPod, caminando y fumando un cigarrillo. Hace unos meses, el maestro vino a Maipú, a dar una clínica. Tras bambalinas, y antes de que saliera a escena, tuve la suerte de hablar con él. Un gran tipo.
Hace más de un mes, Aznar estuvo en Chile. Asistí a la función del día sábado 16 de junio en el teatro oriente. “Que he sacado con quererte” comenzó a sonar, y el teatro repleto de gente casi se vino abajo, con un gran estruendo. La canción de Violeta Parra es una delicia en la guitarra de Aznar.
Una noche mágica, llena de excelentes canciones de autor, interpretadas, versionadas, arregladas y traducidas por Aznar. Un mix de canciones de esas que ponen los pelos de punta, y que nos recuerdan que el sentido de la música es precisamente hacernos sentir.
Y la noche, o el destino nos hizo -al menos a mi- conocer a una amiga del músico argentino: Haydee Milanés, una cubana que cantó “nubes negras” con una voz pura y potente. Quedó claro que se trataba de la hija de Pablo Milanés.
Acompañado por Facundo Guevara en percusión y Andrés Beeuwsaert en teclado, Aznar se mandó sendas versiones de “Isn’t it a pity” de George Harrison, canción que tradujo y adaptó al español y de “Twmorrow never Knows”, de los Beatles.
Finalmente y tras volver pues el público pedía más música, terminó con un blues, el de la piedad, cantando en el suelo, como si de una fogata se tratase. Y poco importó, pues quienes estuvimos ahí teníamos un punto de encuentro: Pedro Aznar.
Lo bueno es que por cosas del destino -y del amor- me repetí el plato el día miércoles 20 de junio. Y aunque el show fue el mismo, al menos a mí, Aznar nunca me aburre. La foto que acompaña este post, fue tomada el míercoles.
Más imágenes en mi flickr:
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Mi primer computador fue un Mac. Un LcIII comprado días después de la SOFTEL, en Tecnopolis, creo que la primera tienda de computadores que se instaló en Maipú (en el Mall Arauco). Debo haber tenido unos 10 años, y el computador ese tenía “papelera de reciclaje”, cuando los PC eran casi puro DOS, y el windows 3.11 para grupos era lo máximo en interfaz gráfica.
Entre en la pubertad, y lo único que quería era jugar en el computador. Así que comencé a utilizar los PC. Era el tiempo de Windows 95 y Fifa 96. Y así entré en el letargo habitual de los usuarios de PC. Más que disfrutar el computador lo empecé a sufrir. Cada 4 meses debía formatear. Y así llegó windows xp (el mejor windows que ha existido, dentro de lo malo de windows). Puros problemas y dolores de cabeza. Y eso que los computadores me los armaba yo mismo, y no eran para nada baratos (gracias Santa Familia).
Y volví a ver la luz. Lo primero fue un iPod video de 30gb. Mordí la manzana y me sorprendí con la facilidad de uso del aparato ese. Luego un macbook que ya no está. Finalmente escribo esto desde un iMac de 20 pulgadas. Un computador hermoso como el solo, el cual he disfrutado y vivido.
La filosofía que tiene el software Mac, su facilidad de uso, y por sobretodo su sistema operativo excelentemente bien pensado (¿Qué es windows vista?, ja), lo hacen una opción ideal.
Y Mac entró en mi vida. Mi hija de 4 años maneja perfecto el iMac y creo que para navidad le tocará su Mac Mini. En el living de mi hogar el centro de música es un AppleTV y pronto tendré mi Iphone.
Como ven, la manzana me cambió la vida frente al computador. Soy uno de los tantos que se olvidó de los PC (aunque tengo un notebook con Ubuntu Linux instalado, que poco uso).
Me quedé corto de ideas.
Otro día explico más de Mac, quizás se animen a pasarse al “lado oscuro de la fuerza”




